Hoy se conmemora el Día Mundial de la Salud bajo el lema “Juntos por la salud. Apoyemos la ciencia”. La campaña de este año coincide con la cumbre internacional “Una Salud” en Lyon, Francia. Ambos eventos reconocen que la salud humana, animal y vegetal, así como la salud de los ecosistemas, están profundamente interconectadas.
La evidencia es convincente: alrededor del 60% de las enfermedades infecciosas emergentes reportadas a nivel mundial provienen de animales, y el 75% de los más de 30 nuevos patógenos humanos detectados en las últimas tres décadas tuvieron origen animal. Cuando los ecosistemas se degradan, cuando avanza la deforestación y cuando el cambio climático altera la distribución de mosquitos y otros transmisores de enfermedades, también aumentan las oportunidades para que nuevos patógenos crucen barreras biológicas y se conviertan en amenazas para los humanos.
La ciencia que sustenta el enfoque “Una sola salud” es, por definición, multidisciplinaria; Articula epidemiología, ecología, medicina veterinaria, microbiología, genómica y ciencias ambientales y sociales. También utiliza herramientas como la secuenciación genómica para rastrear patógenos, modelos predictivos para anticipar brotes, vigilancia integrada y análisis de datos y costos para mejorar la toma de decisiones públicas. En esencia, propone dejar atrás una respuesta meramente reactiva, basada en herramientas tradicionales de salud, para avanzar hacia una gestión preventiva, predictiva e interdisciplinaria del riesgo.
La propagación del dengue, por ejemplo, no depende de un solo factor, sino de la interacción entre las precipitaciones, el almacenamiento de agua, el saneamiento deficiente, las altas temperaturas, la urbanización desordenada y la presencia del mosquito vector. Tanto el dengue como el chikungunya y el Zika están relacionados principalmente con mosquitos del género Aedes. Otras infecciones virales emergentes, más focalizadas, como la fiebre de Oropouche o la fiebre de Mayaro, están asociadas a otros vectores y ecosistemas selváticos o bosques húmedos tropicales; en el caso de Oropouche, principalmente a mosquitos, y en el de Mayaro, principalmente a mosquitos salvajes.
La leptospirosis ofrece otro ejemplo preocupante. Esta enfermedad bacteriana se transmite por contacto con agua, barro o alimentos contaminados con orina de animales infectados, y su riesgo aumenta tras fuertes lluvias e inundaciones. Este marzo, el Ministerio de Salud emitió una alerta epidemiológica tras registrar 1.045 casos y cinco muertes en el país. Estas alertas nos recuerdan que los problemas de salud actuales ya no pueden enfrentarse con respuestas fragmentadas; Requieren vigilancia integrada, diagnóstico oportuno y coordinación real entre la salud humana, la salud animal y el medio ambiente. Si bien el país ha avanzado en mecanismos multisectoriales para abordar las zoonosis –es decir, enfermedades transmitidas por animales–, incluida una comisión multisectorial permanente creada en 2019, aún estamos lejos de la capacidad de anticipación y respuesta necesaria para enfrentar con fuerza una nueva pandemia como la COVID-19.
Lamentablemente, el Perú invierte menos del 0,2% de su PIB en investigación y desarrollo, cifra que revela una debilidad estructural y presupuestaria que se traduce en menos laboratorios, menos infraestructura científica, una menor masa crítica de investigadores y una limitada capacidad para anticipar brotes, responder a nuevas amenazas y proteger inteligentemente su diversidad biológica. Un país que invierte tan poco en la generación de conocimiento se vuelve más vulnerable, aun cuando tenga grandes ventajas naturales. Por ello, el Perú necesita consolidar una estrategia nacional “Una Salud” con metas claras, presupuesto sostenido, laboratorios fortalecidos, interoperabilidad de datos, vigilancia integrada, control activo de vectores, mapas de riesgo territorial y una coordinación mucho más efectiva entre salud, medio ambiente, desarrollo agrícola, producción, universidades y gobiernos regionales.
También requiere fortalecer al Concytec y asegurar que su Comisión Asesora y Comisión Multisectorial, creadas en 2021, no sólo existan formalmente, sino que funcionen con continuidad, capacidad de impacto y resultados verificables como instancias de articulación entre el conocimiento científico, la formulación de políticas y la acción intersectorial del Estado. No bastará con construir más hospitales si seguimos llegando tarde a emergencias sanitarias que podrían haberse anticipado y prevenido mejor.
* abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En ese marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los columnistas que lo firman, aunque siempre las respeta.