Tecnología

El desafío del agua en el Perú, por Fabiola León-Velarde – El boletin Peruano

Cada 22 de marzo, el Día Mundial del Agua nos recuerda que el agua dulce es un recurso finito sujeto a crecientes presiones climáticas, demográficas y tecnológicas. Aunque el planeta parece cubierto de agua, sólo alrededor del 2,5% es agua dulce, y menos del 1% de ella está disponible en ríos, lagos y acuíferos.

Si bien alrededor del 90% de la población peruana accede a los servicios de agua, persisten brechas en la continuidad, calidad y sostenibilidad del servicio. A esto se suma una marcada desigualdad territorial, ya que casi dos tercios de los peruanos viven en la costa desértica, donde se encuentra disponible menos del 2% del agua superficial, lo que convierte su gestión en un desafío estratégico.

El acceso universal al agua potable es uno de los grandes desafíos científicos y tecnológicos del siglo XXI. La seguridad hídrica ya no depende únicamente de la construcción de represas o redes de distribución, sino de conocimientos avanzados en hidrología, glaciología, climatología, modelización matemática y tecnologías de observación de la Tierra. El estudio del ciclo hidrológico, por ejemplo, se ha transformado gracias a la observación por satélite. Los satélites de programas internacionales permiten medir con gran precisión la altura del agua en ríos, lagos y embalses, así como monitorear la humedad del suelo, las inundaciones y los cambios en los glaciares. En Perú, el satélite PerúSAT-1 proporciona imágenes de alta resolución que contribuyen al monitoreo de cuencas y eventos extremos.

Según la FAO, la agricultura representa aproximadamente el 70% de las extracciones mundiales de agua dulce; Por tanto, la innovación científica en agricultura de precisión se vuelve decisiva. Sensores de humedad del suelo, imágenes satelitales y algoritmos de inteligencia artificial permiten optimizar el riego y reducir las pérdidas, aspecto clave para países con diversidad climática como Perú. En cuanto a la infraestructura natural, diversos estudios muestran que los humedales altoandinos, los humedales costeros y los bosques amazónicos regulan el ciclo del agua, actuando como sistemas de almacenamiento y liberación gradual del caudal. Los suelos ricos en materia orgánica pueden almacenar grandes cantidades de agua, lo que contribuye a la resiliencia frente a sequías prolongadas.

La eficiencia hídrica también es esencial. Israel, por ejemplo, reutiliza alrededor del 90% de sus aguas residuales –tratadas mediante procesos biológicos y de desinfección para eliminar contaminantes y patógenos– para la agricultura, utiliza riego por goteo y produce agua dulce mediante desalinización por ósmosis inversa, una tecnología basada en membranas que separan las sales del agua de mar. Las plantas desaladoras controlan el impacto ambiental del retorno de la sal al mar mediante sistemas de dilución que evitan aumentos localizados de la salinidad.

Diversas universidades e institutos de investigación peruanos contribuyen al conocimiento del agua a través del monitoreo de la calidad del agua y modelos hidrológicos que estudian la interacción entre las aguas superficiales y subterráneas en escenarios de cambio climático. El Instituto Francés de Investigaciones para el Desarrollo y el Instituto Nacional de Investigación en Glaciares y Ecosistemas de Montaña estudian la dinámica glaciar andina, muy relevante porque el Perú concentra alrededor del 70% de los glaciares tropicales del planeta, reservorios naturales que regulan el flujo de agua, cuya superficie está disminuyendo rápidamente. Los centros de datos de inteligencia artificial, que se están expandiendo rápidamente por todo el mundo, son una fuente adicional de estrés hídrico, que exige volúmenes cada vez mayores de agua y energía en un entorno natural bajo presión.

La gobernanza del agua requiere integrar el conocimiento científico a las políticas públicas y fortalecer la coordinación entre las instituciones generadoras de información hidrometeorológica y los sectores vinculados al riego, el saneamiento y la gestión ambiental. La Autoridad Nacional del Agua juega un papel central en la regulación del uso del recurso, monitoreando su disponibilidad y administrando las cuencas hidrográficas, unidades naturales por donde circula el agua como un sistema interconectado. En un contexto de cambio climático y demanda creciente, la seguridad hídrica dependerá cada vez más de nuestra capacidad para generar conocimiento y aplicarlo oportunamente; Por tanto, sin ciencia no hay futuro.

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