You appear to be using Yoast SEO Plugin. Please deactivate as this may cause conflicts with Magic SEO.

Lo que la ciencia perdió sin las mujeres, por Fabiola León-Velarde | OPINIÓN - El boletin Peruano - El Boletín Peruano
Tecnología

Lo que la ciencia perdió sin las mujeres, por Fabiola León-Velarde | OPINIÓN – El boletin Peruano

Durante siglos, la ciencia se desarrolló sin mujeres. No es una metáfora; Es un hecho. Universidades, sociedades científicas y laboratorios los excluyeron sistemáticamente. Esta exclusión tuvo importantes consecuencias sobre el conocimiento científico, sobre todo porque estuvo acompañada de otra exclusión: la de las mujeres –la otra mitad de la humanidad– como sujeto de estudio. Por eso, mañana, cuando se celebre el Día Internacional de las Niñas y las Mujeres en la Ciencia, no sólo debemos saludar los evidentes avances logrados, sino también hacer balance de los esfuerzos realizados para recuperar el tiempo perdido.

La medicina es uno de los sectores en los que la discriminación contra la mujer tiene efectos más nocivos. Hasta finales del siglo XX, la mayoría de los ensayos clínicos se realizaban casi exclusivamente en hombres adultos. Las mujeres eran consideradas “variables biológicas complejas” debido a sus ciclos hormonales o la posibilidad de embarazo. El resultado fue una medicina que tomaba el cuerpo masculino como norma y el cuerpo femenino como excepción. De este modo, se subdiagnosticaron, malinterpretaron o directamente ignoraron diferentes síntomas, diferentes respuestas a los medicamentos y enfermedades específicas de las mujeres.

En Unwell Women, la historiadora Elinor Cleghorn comenta cómo patologías como las migrañas, las enfermedades autoinmunes o las enfermedades cardiovasculares fueron minimizadas o atribuidas a causas emocionales cuando afectaban a las mujeres. La endometriosis, que afecta a 1 de cada 10 mujeres en edad reproductiva, ilustra claramente este retraso; Durante décadas su dolor se fue normalizando y su diagnóstico tardó años en llegar. Aunque hoy pueda resultar difícil de creer, no fue hasta 1993 que los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos exigieron formalmente la inclusión de mujeres en ensayos clínicos financiados con fondos públicos. La ciencia aprendió tarde a mirar con rigor el cuerpo femenino.

Este problema no se limitó a la medicina. La ausencia de la mujer también dejó huella en la tecnología y el diseño. En Mujeres invisibles, Caroline Criado Pérez reúne evidencia convincente sobre cómo la falta de datos desglosados ​​por sexo ha dado forma a todo, desde el diseño de automóviles hasta las políticas públicas y los sistemas digitales. Durante décadas, por ejemplo, los maniquíes utilizados en las pruebas de choque se basaban en cuerpos masculinos promedio. Ese estándar influyó en el diseño de la seguridad de los vehículos, ya que la evidencia demostró que las mujeres enfrentaban mayores riesgos de sufrir lesiones graves en accidentes comparables.

A escala global, las cifras confirman que el problema persiste. Según la UNESCO, sólo alrededor del 33% de las personas que participan en la investigación científica son mujeres, y el porcentaje cae significativamente en ingeniería, matemáticas, física y tecnologías digitales. En América Latina y Perú, las mujeres son mayoría en algunas áreas de la salud y las ciencias biológicas, pero siguen siendo minoría en los campos que concentran mayor poder financiero, tecnológico o político, así como en puestos donde se toman decisiones importantes.

El problema central es que las vocaciones científicas no se pierden en la universidad, sino mucho antes. Estudios internacionales muestran que el desinterés o abandono de áreas de la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas ocurre frecuentemente antes de los 15 años, alimentado por estereotipos, bajas expectativas y ausencia de referentes cercanos. Tienes que asegurarte de que el sistema no los desanime antes de que lo intenten. Es obvio que no es falta de talento; Se trata de trayectorias interrumpidas, “techos de cristal” persistentes y una cultura científica que no se pregunta con suficiente convicción cómo recuperamos el tiempo perdido.

Este retraso es especialmente preocupante porque los grandes desafíos del siglo XXI, como el cambio climático, el envejecimiento de la población, las nuevas pandemias, la inteligencia artificial y la pérdida de biodiversidad, requieren enfoques diversos. Cada vez hay más pruebas de que los equipos de investigación con mayor diversidad de género producen ciencia más innovadora, con mayor impacto y mejores decisiones colectivas.

Para el Perú apostar por más niñas y mujeres en la ciencia no es sólo una cuestión de equidad. Cada vocación perdida es una oportunidad menos para generar conocimiento relevante, soluciones locales o innovación con impacto social.

* abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En ese marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los columnistas que lo firman, aunque siempre las respeta.